En los diferentes escritos del fútbol base, nunca se ha mencionado que
el periodo competitivo es el motivo de preparación del niño futbolista, pues
por el contrario la practica deportiva de los niños debe tener como objetivo
único y claro la diversión con fines educativos.
Sin embargo en cada festival deportivo seguimos encontrando
entrenadores sin escrúpulo alguno para exigir a sus dirigidos resultados
“positivos” en cifras, abandonando el verdadero objetivo del fútbol base e
importándole poco el proceso de desarrollo de los niños a su cargo, quizás para
acaparar objetivos personales como los triunfos a su nombre y el protagonismo
en el medio.
Estos entrenadores resultadistas y acomodados, son los encargados de
acabar con la moralidad y la pureza del fútbol base, pues se ha puesto por
encima la ambición por la fama, el dinero y otros lucros particulares sin
considerar la importancia del adecuado proceso formativo de los niños, muchos
de los cuales en su edad de madurez no escogerán el fútbol como medio de
sustento y mucho menos como estilo de vida, y posiblemente los pocos que
quedasen por el camino deportivo no tendrán bases de fondo para afrontar un
periodo competitivo por frustraciones en su etapa formativa que dejan secuelas
psicológicas para toda la vida, o huella psíquica como lo llamarían los
expertos de esta área.
No es lo más sano para las etapas de formación convertir el fútbol en el
fin cuando por el contrario este debe ser el medio para lograr convencer los
niños y jóvenes a entrar en un estilo de vida saludable mediante el
deporte, aprovechando la motivación que este genera para infundir los valores
esenciales de una sana convivencia, teniendo en cuenta que el fútbol base es
una tarea instructiva no solo de los entrenadores sino también de quienes lo
rodean como Padres, familiares y seguidores de los clubes en que participan.
Realmente es una tarea para verdaderos héroes que le apuestan
correctamente al futuro de la niñez por medio de actividades futbolísticas que
traen consigo un sin número de beneficios físicos y psicológicos que
trascienden mas allá de una simple victoria en el juego.
Son los verdaderos educadores del fútbol base quienes tendrán la
responsabilidad de cumplir y hacer cumplir los ideales fundamentales de
formación, privilegiando la diversión y el aprendizaje como eje canalizador de
emociones y cómplice de la buena actuación en las diferentes situaciones, bien
sean a favor o en contra, dentro y fuera del juego.
Son estos Educadores quienes velaran por el debido comportamiento
de los padres y acompañantes construyendo en conjunto un ambiente sano de
disfrute para los niños deportistas, manteniendo la cordura en aquellos
momentos en los cuales los niños más que un grito de presión soliciten una
palabra de aliento y tranquilidad, pues al estar parados en un terreno de juego
y no sentados frente a un televisor estos ya son ganadores absolutos.
El fútbol base quizás es la etapa más importante en la preparación, pues
de esta dependerá la capacidad física y mental para resolver cada situación
presentada no solo en el terreno de juego si no en la vida misma del
deportista. Es claro y determinante que la formación de los futuros futbolistas
debe entenderse como una labor que requiere tanta preparación como corazón para
guiar a los niños en el camino al éxito de sus vidas.
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